El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, firmó este sábado una orden ejecutiva que impulsa la investigación de sustancias psicodélicas como el LSD, la psilocibina y la ibogaína como potenciales tratamientos para trastornos graves de salud mental. La medida, anunciada desde el Despacho Oval, busca abrir nuevas vías terapéuticas para pacientes con depresión severa, trastorno de estrés postraumático y otras afecciones, con especial atención a veteranos de guerra.
La directiva instruye a la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) a facilitar el acceso de investigadores a estas sustancias, actualmente clasificadas como drogas ilegales, en entornos terapéuticos estrictamente controlados. También ordena la creación de vías rápidas para la evaluación, aprobación y eventual uso clínico de estos compuestos, así como la coordinación entre la FDA y la agencia antidrogas para otorgar permisos especiales a médicos e investigadores.
“Me complace anunciar reformas históricas destinadas a acelerar drásticamente el acceso a nuevas investigaciones médicas y tratamientos basados en fármacos psicodélicos”, declaró Trump durante el acto, en el que estuvo acompañado por el secretario de Salud, Robert F. Kennedy, y el influyente podcaster Joe Rogan, ambos impulsores de la iniciativa.
El mandatario republicano destacó el potencial transformador de estos tratamientos experimentales, especialmente para los veteranos que enfrentan altas tasas de suicidio vinculadas al trastorno de estrés postraumático. “Si resultan ser tan beneficiosos como la gente afirma, tendrán un impacto tremendo en el país y en otros”, agregó.
La orden ejecutiva también incluye un compromiso de aproximadamente 50 millones de dólares, provenientes de fondos existentes del Departamento de Salud, para apoyar a los estados que desarrollen programas con psicodélicos orientados a enfermedades mentales graves. Además, ordena al fiscal general y al Departamento de Salud revisar rápidamente el estatus regulatorio de aquellas sustancias psicodélicas que superen con éxito ensayos clínicos de fase 3, con el fin de reclasificarlas y permitir su uso médico lo antes posible.
La medida representa un giro significativo en la política federal estadounidense hacia los psicodélicos, abriendo la puerta a una nueva frontera en la psiquiatría y el tratamiento de trastornos mentales que afectan a millones de personas en el país.