A menos de 100 días del inicio de la Copa Mundial de la FIFA 2026, el esperado “boom” turístico en Estados Unidos se ha convertido en un dolor de cabeza para la industria hotelera. Decenas de ciudades sede, como Filadelfia, Dallas y Miami, reportan una caída de hasta un 30% en las tarifas hoteleras ante la débil demanda internacional de reservas.
Según ejecutivos del sector, el endurecimiento de los controles migratorios, las redadas del ICE y las restricciones de visado impulsadas por la administración de Donald Trump están generando una percepción de hostilidad que desalienta a los aficionados extranjeros. “El deseo de venir a EE. UU. ha bajado significativamente”, explica Lior Sekler, de HRI Hospitality.
La FIFA ya comenzó a liberar miles de habitaciones que mantenía bloqueadas, mientras los hoteleros bajan precios en pánico para intentar atraer público local. “Las expectativas de que el Mundial fuera un imán para el turismo mundial no se están materializando”, sentencia Sekler.
Analistas advierten que, de mantenerse esta tendencia, el Mundial 2026 pasará a la historia no por sus récords de asistencia, sino por ser el evento donde la política migratoria terminó vaciando las tribunas y las habitaciones de hotel. El sector turístico estadounidense paga así el costo de una imagen internacional cada vez más polarizada y restrictiva.