El ministro francés de Exteriores expresó su “preocupación” el mismo día que el portaaviones USS Gerald R. Ford, el más grande del mundo, llegó a la región. Venezuela responde con el despliegue de 200.000 militares.
Francia condenó este martes las “operaciones militares” en la región del Caribe, afirmando que “ignoran las leyes internacionales”, en una declaración que coincide con la llegada del grupo de ataque del portaaviones estadounidense USS Gerald R. Ford a la zona.
La advertencia fue lanzada por el ministro de Asuntos Exteriores galo, Jean-Noël Barrot, a su llegada a la localidad canadiense de Niagara-on-the-Lake, donde se celebra una reunión de dos días de los países del G7.
Preocupación por la inestabilidad
“Hemos observado, con preocupación, las operaciones militares en la región caribeña porque ignoran las leyes internacionales”, afirmó Barrot a los periodistas. El ministro añadió que Francia, al tener “varios territorios bajo su soberanía” en la región donde “viven más de un millón” de ciudadanos franceses, tiene un interés directo en la estabilidad del área.
Barrot recalcó que “era esencial evitar inestabilidad y una potencial escalada”, sin mencionar explícitamente a ningún país.
El despliegue militar estadounidense
La declaración del jefe de la diplomacia francesa se produce el mismo día en que el USS Gerald R. Ford, el portaaviones más grande del mundo, y su grupo de ataque llegaron al Caribe. La misión oficial de este despliegue, según Washington, es apoyar los ataques que las fuerzas estadounidenses realizan contra embarcaciones que supuestamente transportan drogas.
Sin embargo, analistas y políticos han advertido que el movimiento podría ser un preludio de acciones militares de EE.UU. contra Venezuela, una interpretación que ha encontrado eco en la respuesta del gobierno de ese país.
La respuesta de Venezuela
Ante la creciente tensión, el Gobierno venezolano presidido por Nicolás Maduro anunció este martes el despliegue de unos 200.000 efectivos militares por todo el país para defenderse de lo que calificó como “amenazas imperiales”.
La condena de Francia, un aliado tradicional de Estados Unidos, introduce un elemento de discordia entre las potencias occidentales y refleja la preocupación por una escalada militar en una región donde varias potencias tienen intereses estratégicos y territorios soberanos. La situación sitúa la crisis caribeña en la agenda del G7 en un momento de alta sensibilidad geopolítica.