La base espacial de Pituffik, en el noroeste de Groenlandia, juega desde hace décadas un papel clave en el sistema estadounidense de alerta temprana para detectar ataques con misiles.
Groenlandia se ha convertido en una prioridad para Washington desde que Donald Trump regresó a la Casa Blanca, ya que el presidente la considera una región crítica para la defensa de Estados Unidos y acusa a Dinamarca de no garantizar la seguridad de esta isla bajo su soberanía.
Las tensiones aumentaron esta semana después de que se anunciara la visita sin invitación de una delegación estadounidense de alto nivel encabezada por Usha Vance, a la que luego se sumó su marido, el vicepresidente de EE.UU., JD Vance.
Tanto el gobierno danés como el ejecutivo autónomo groenlandés rechazaron el viaje, hasta que finalmente Washington anunció que se limitará a la base de Pituffik bajo control estadounidense desde la década de 1950.
Qué hay en la base de Pituffik y por qué es importante

En este lejano confín de la región ártica, a unos 1.200 kilómetros del Polo Norte, se levanta desde los comienzos de la Guerra Fría la base más al norte de todas las que Estados Unidos tiene repartidas por el mundo, concebida originalmente para detectar a tiempo posibles ataques con misiles desde la extinta Unión Soviética y posibilitar una pronta respuesta.
Antes llamada Base John Thule, la instalación está a cargo del Grupo Base Espacial 821, que incluye el Escuadrón de Alerta Espacial 12 y el Destacamento de Operaciones Espacial 23.
Su misión es vigilar el espacio, alertar de posibles ataques con misiles y controlar los satélites de defensa estadounidenses.
Por eso el vicepresidente Vance se refirió a ellos como “los guardianes” de Estados Unidos en el Ártico.
“La base es estratégicamente muy importante por su ubicación geográfica”, le dijo a BBC Mundo Troy J. Bouffard, oficial retirado del ejército estadounidense que trabaja en un centro especializado en la seguridad del Ártico en la Universidad de Fairbanks, Alaska.
“El Ártico era durante la Guerra Fría la vía más corta de ataque a Estados Unidos con Misiles Balísticos Intercontinentales de la URSS y sigue siéndolo para cualquier adversario que quisiera atacar con misiles a EE.UU. hoy día”, explicó.
La estampa de la base la dominan las cúpulas blancas de los Radares de Alerta Temprana, los sistemas que permiten detectar el lanzamiento de Misiles Balísticos Intercontinentales y Misiles lanzados desde el Mar (ICBM y SLBM por sus siglas en inglés, respectivamente).
Según datos publicados por el Departamento de Defensa estadounidense, el contingente lo forman unas 650 personas.
Dos centenares son militares de la Fuerza Aérea y de la Fuerza Espacial de Estados Unidos.
El resto son contratistas civiles canadienses, daneses y groenlandeses que viven y trabajan en la base.
La vida no es fácil para ellos. El hielo cubre la base la mayor parte del año, las temperaturas alcanzan los 34 grados bajo cero y en el invierno el sol desaparece durante semanas.
La población más cercana, Qaanaaq, está a más de 100 kilómetros de distancia y es un pequeño asentamiento en el que los habitantes sobreviven cazando focas, morsas y algún que otro oso polar.
Los barcos solo pueden llegar a Pituffik en las pocas semanas del verano en las que la superficie del mar junto al que se ubica se descongela.
Así que la base se mantiene conectada con el exterior gracias a un aeródromo que permanece operativo todo el año.
El Cuerpo de Ingenieros de Estados Unidos suele ocuparse del difícil mantenimiento de unas instalaciones en un terreno tan hostil.
Desde Pituffik se llevan a cabo también investigaciones científicas. Desde su creación, el ejército estadounidense ha estudiado el entorno para facilitar sus operaciones y la NASA ha investigado desde ella la pérdida de hielo en el Ártico
Al contrario que los ICBM, los misiles hipersónicos no necesitan salir al espacio exterior para desplazarse, sino que pueden hacerlo a velocidades hipersónicas (al menos cinco veces la del sonido) a menor altitud y además maniobrar y cambiar de dirección, lo que hace imposible interceptarlos.
Según el experto Bouffard, “con la tecnología disponible, no hay un mecanismo de defensa efectivo contra este armamento”, por lo que “en este momento la defensa se centra en la disuasión”.
La manera de evitar que el adversario utilizara las armas nucleares en la Guerra Fría era convencerlo de que habría una respuesta equiparable que desencadenaría lo que la literatura militar de la época llamaba “destrucción mutua asegurada”.
Con las armas hipersónicas sucede algo parecido ya que no hay por ahora cómo neutralizarlas.
De acuerdo con un informe del Servicio de Investigaciones de Estados Unidos, Rusia y China han logrado “avances” y “probablemente” desarrollado varios programas de armas hipersónicas dirigibles y capaces de cargar cabezas nucleares, mientras que las armas hipersónicas con las que cuenta Estados Unidos no están diseñadas para ser usadas con cabezas nucleares.
Bouffard cree que “este gobierno está súper enfocado en la seguridad del territorio nacional” y “ha entendido que los misiles hipersónicos y el Ártico como vía de aproximación son una amenaza enorme para Norteamérica y Estados Unidos”.
“Pero las soluciones llegarán y necesitaremos dónde poner estos activos defensivos cuando lleguen. Por eso Pituffik es tan importante, es la solución geográfica”.
Fuente: BBC