El Departamento del Tesoro de Estados Unidos, a través de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC), ha emitido licencias que permiten a las empresas estadounidenses participar en el mercado petrolero de Venezuela bajo condiciones estrictas. Esta decisión busca facilitar un suministro limitado de bienes y servicios petroleros, aunque las sanciones impuestas en 2019 permanecen vigentes.
Las nuevas licencias, publicadas recientemente en el sitio web del Tesoro, autorizan tanto el comercio de hidrocarburos como el uso de infraestructuras logísticas como puertos y aeropuertos. Sin embargo, se establecen controles rigurosos para evitar beneficios directos al régimen del presidente venezolano Nicolás Maduro.
Entre las condiciones destacadas se incluye la obligación de que todos los contratos con Petróleos de Venezuela (Pdvsa) o el Estado estén regulados por leyes estadounidenses y que cualquier disputa se resuelva en tribunales de Estados Unidos. Además, los pagos deben ser canalizados a cuentas designadas por el Tesoro, garantizando un “control financiero centralizado”.
Las compañías que opten por exportar petróleo venezolano a terceros países también deberán cumplir con un estricto régimen de reporte, que incluye la presentación de informes detallados sobre transacciones, partes involucradas, cantidades y valores. Estos informes deberán ser presentados a la administración de Donald Trump, comenzando con un informe inicial dentro de los 10 días posteriores a la primera transacción y posteriormente cada 90 días.
La administración también ha aprobado una licencia que permite operaciones logísticas en puertos y aeropuertos de Venezuela, facilitando transacciones necesarias para el uso de esta infraestructura, siempre que no estén involucradas personas o entidades bajo sanciones.
El anuncio de estas licencias ocurre en un contexto de cambios significativos en Venezuela, después de la captura de Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos, acusado de narcotráfico. En este nuevo escenario, se espera que empresas petroleras estadounidenses, inicialmente lideradas por Chevron, regresen al mercado venezolano y realicen inversiones por cerca de 10.000 millones de dólares para la modernización de la infraestructura petrolera.