Mientras las sirenas antiaéreas y los ataques rusos siguen siendo parte del día a día para millones de ucranianos, la región occidental de Transcarpatia se ha convertido en un refugio de calma. Más de 5.000 cerezos en flor, el más antiguo de ellos con un siglo de vida, han ofrecido este fin de semana un respiro emocional a miles de ciudadanos que buscan escapar, aunque sea por unas horas, de la tensión constante de la guerra.
La ciudad de Úzhgorod, enclavada al oeste de los Cárpatos y fronteriza con Eslovaquia, Hungría y Rumanía, ha acogido entre el viernes y este domingo el “Sakura Fest”, el festival anual de la flor del cerezo. Este año, el evento ha registrado una afluencia récord de visitantes procedentes de toda Ucrania, que han llegado en coche, tren o autobús para fotografiar los árboles y disfrutar de unos días de tranquilidad.
Cerezos como “terapia natural”
“Contemplar los árboles en flor tiene un efecto terapéutico que mejora la salud mental”, explica a EFE Yulia Dub, coorganizadora del festival, mientras multitudes pacíficas recorren el paseo fluvial y las avenidas del centro histórico.
Larisa, una militar jubilada de unos sesenta años que ha recorrido 1.000 kilómetros en autobús desde Nizhin, en la región de Cherníhiv (norte de Ucrania), relata: “Aquí me siento renovada. En mi ciudad hay mucha tensión, y aquí puedo admirar toda esta belleza”. Mientras habla, una sirena de alerta por drones rusos suena en su teléfono. Normalmente, eso la obligaría a correr a un refugio, pero la belleza de los cerezos le devuelve un atisbo de esperanza.
Un escape del peligro constante
“La gente está muy cansada del peligro constante y quiere escapar de él al menos durante unos días”, subraya Dub. Para muchos asistentes, esta es la primera vez desde el inicio de la invasión a gran escala que logran sentirse libres de alarmas internas y alertas externas.
El festival, inaugurado el viernes con la participación del embajador de Japón en Ucrania, Masashi Nakagome, ofrece actividades para adultos y niños. Artesanos y artistas recaudan fondos para los soldados ucranianos en el frente, mientras retratos fotográficos de caídos se exponen en la ciudad como recordatorio del costo de la guerra.
Ansiedad, esperanza y el deseo de paz
En un simbólico cerezo, decenas de visitantes han dejado tarjetas con un mensaje recurrente: el deseo de paz. Sofia Kolisnik, de 24 años, llegó en tren desde Chernivtsi y admite que el viaje le ha parecido peligroso debido a los ataques selectivos rusos y los retrasos. “Es difícil pasar momentáneamente de las complejas emociones que sentimos cada día a esta belleza, pero lo estoy intentando”, confiesa.
Olga Derevianchenko, de 38 años, madre de dos hijos y profesora desplazada de la región oriental de Donetsk que ahora vive en Kiev, resume el sentir de muchos: “Los cerezos en flor y todo el ambiente de aquí realmente te hacen sentir que el tiempo se ralentiza, te aportan algo de ligereza y luz. Esto es muy valioso cuando cada día está lleno de incertidumbre”.
Un respiro breve pero sanador
Algunos visitantes continuarán hacia Mukachevo, otra ciudad con cientos de cerezos sakura. Otros regresarán al día siguiente a zonas sometidas a ataques diarios. Pero incluso un breve viaje hasta Transcarpatia puede marcar la diferencia. “Parar el tiempo de guerra”, aunque sea por un instante, se ha convertido en una necesidad vital para miles de ucranianos que encuentran en la floración de los cerezos un bálsamo para la salud mental y una renovada esperanza.