La selección venezolana derrocó a Estados Unidos en su propia casa (Miami) con un pizarra final de 3-2, en un partido para la historia que se definió en el último suspiro. Este 17 de marzo de 2026 quedará grabado en la memoria de todo un país.
La noche del martes será recordada como la noche en que el béisbol venezolano alcanzó la cima del planeta. En un LoanDepot Park teñido de vinotinto, la novena criolla derrotó 3-2 al equipo de Estados Unidos para adjudicarse, por primera vez en su historia, el título del Clásico Mundial de Béisbol.
El “Team Béisbol” no solo ganó; lo hizo con el corazón en un puño y el dramatismo que solo los grandes campeones saben manejar. El destino quiso que la firma del héroe llevara el nombre de Eugenio Suárez. Con el partido igualado a dos en la parte baja de la novena entrada, y la promesa de extrainnings en el aire, el antesalista conectó un doblete por el jardín izquierdo que impulsó a Javier Sanoja desde la intermedia para desatar la locura total.
El camino a la gloria se cimentó con pólvora criolla. Salvador Pérez abrió el marcador en el tercer inning, y Wilyer Abreu aumentó la ventaja en el quinto con un cuadrangular solitario que hizo soñar a la afición. Sin embargo, Estados Unidos no se iba a rendir fácilmente. La estrella Bryce Harper igualó la pizarra en la octava con un jonrón que silenció, momentáneamente, el rugido venezolano.
Pero este equipo, dirigido con maestría, demostró tener una resiliencia inquebrantable. La respuesta llegó de inmediato en el noveno capítulo, confirmando que esta Venezuela estaba escrita en las estrellas.
Una coronación perfecta
El título tiene sabor a hazaña mayúscula. La selección venezolana completó un torneo inmaculado en la fase de eliminación directa, dejando en el camino a verdaderas potencias: despachó a Japón en los cuartos de final, barrió con Italia en semifinales y terminó su obra maestra descifrando el poderío ofensivo de Estados Unidos en la final.
Con una mezcla perfecta de orden, pitcheo efectivo y un bateo oportuno cuando más quemaba, la Vinotinto del Béisbol inscribió su nombre con letras de oro. Mientras Venezuela celebra su primera corona, Estados Unidos se queda con el amargo sabor de su segundo subcampeonato consecutivo, reviviendo el fantasma de la final perdida ante Japón en 2023. Esta vez, el verdugo tuvo acento criollo y corazón venezolano.
