El gobierno del presidente Luiz Inácio Lula da Silva ha expresado un rechazo categórico al uso de la fuerza y las operaciones encubiertas contra Venezuela, respondiendo directamente a las recientes declaraciones del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien evalúa opciones militares para derrocar al gobierno de Nicolás Maduro.
La postura brasileña fue subrayada por Celso Amorim, asesor presidencial para Asuntos Internacionales, quien en una entrevista con un medio local calificó como “inconcebible” cualquier ataque militar o acción clandestina contra Caracas. “Brasil está en contra del uso de la fuerza y de operaciones secretas; seguimos fielmente la política de no intervención. Se trata de un principio básico del derecho internacional”, afirmó Amorim.
Preocupación por la estabilidad regional y crisis humanitaria
Con más de 2.000 kilómetros de frontera compartida con Venezuela, Brasil alerta que una intervención estadounidense podría desencadenar una crisis humanitaria de gran escala, con desplazamientos masivos hacia el estado de Roraima y un impacto directo en las comunidades amazónicas. “Un conflicto en Venezuela no solo pondría en riesgo la estabilidad política del continente, sino también la seguridad de millones de personas en la frontera norte de Brasil”, advirtió el asesor presidencial.
Fuentes diplomáticas confirmaron que en una reciente conversación telefónica, Lula da Silva expresó personalmente a Trump su oposición a cualquier medida que implique el uso de la fuerza, enfatizando la necesidad de mantener canales diplomáticos abiertos.
Contexto de escalada militar y denuncias ante la ONU
La advertencia brasileña se produce en un contexto de creciente tensión, luego de que un diario estadounidense revelara que Trump ordenó en secreto a la CIA intensificar operaciones encubiertas en Venezuela para “acelerar la salida del chavismo del poder”. Paralelamente, el Pentágono ha reforzado su despliegue en el mar Caribe con 10.000 soldados estacionados en bases de Puerto Rico, buques de asalto y aviones de combate en alerta.
Frente a esta situación, el gobierno de Nicolás Maduro denunció formalmente ante el Consejo de Seguridad de la ONU que Estados Unidos prepara un ataque militar “a corto plazo”. El embajador venezolano Samuel Moncada instó al organismo a actuar “para impedir una catástrofe regional alentada por la Casa Blanca”. En respuesta, Venezuela activó la Operación Independencia 200, advirtiendo que cualquier incursión será respondida “con todo el peso de la soberanía nacional”.
Diplomacia como camino forward
Para Brasil, la prioridad inmediata es “evitar que la guerra vuelva a América del Sur”, fortaleciendo instancias regionales de diálogo como la CELAC y la UNASUR. Amorim concluyó con un mensaje contundente: “La historia demuestra que cuando el imperio cruza la línea de la diplomacia, los pueblos pagan el precio. Brasil no será cómplice de otra guerra en el continente”.
La posición de Brasil marca una clara línea divisoria en el enfoque para abordar la crisis venezolana, privilegiando la vía diplomática y el derecho internacional sobre la confrontación militar.