El Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC), que alberga uno de los primeros reactores nucleares de América Latina, sufre destrucción material y paralización de proyectos críticos tras los bombardeos.
Una semana después de los ataques militares estadounidenses en Caracas, el Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC) sigue evaluando los severos daños en su infraestructura, que incluyen la destrucción parcial de laboratorios, sistemas eléctricos y centros de investigación clave. Según constató EFE, entre los blancos afectados se encuentran el Centro de Matemática –también sede de la Universidad Nacional de las Ciencias– y los centros de Física y Química, esenciales para el procesamiento y refinación de petróleo, el motor económico de Venezuela.
Alberto Quintero, director del IVIC y viceministro de Aplicación del Conocimiento Científico, detalló que dos misiles impactaron en el complejo, causando daños “bastante considerables” en la red eléctrica y el sistema de bombeo de agua, lo que afectó a al menos la mitad de los 24 centros de investigación donde trabajan cerca de 1.800 personas. Las actividades, que debían reiniciarse el 5 de enero, fueron pospuestas hasta el 19 del mismo mes.
Más allá de lo material, científicos del IVIC lamentan un “daño moral” y un golpe al desarrollo tecnológico nacional. José Cardiel, director de la Unidad de Terapia Celular, explicó que se ha retrasado el inicio de tratamientos con células madre para niños con malformaciones óseas, mientras que Noemí Chacón, jefa del Centro de Ecología, subrayó la vulnerabilidad que sintió la comunidad científica ante lo que calificó como una “agresión militar”.
La ministra de Ciencia y Tecnología, Gabriela Jiménez, denunció el hecho como un “acto de agresión imperial sin precedentes contra el pueblo de Venezuela”. Según el gobierno encabezado por Delcy Rodríguez, los ataques causaron alrededor de un centenar de muertes entre civiles y militares.
La destrucción en el IVIC evidencia el impacto colateral de una operación que, según el gobierno de EE.UU., tenía como objetivo la captura del mandatario Nicolás Maduro. Sin embargo, para los investigadores venezolanos, las consecuencias trascienden lo inmediato: se trata de un retroceso en proyectos científicos críticos para la salud, la energía y la economía del país, cuyos efectos podrían prolongarse por años.