El presidente confronta a senadores de su propio partijo y pide públicamente que no sean reelegidos, en una muestra de tensiones internas sin precedentes.
El presidente Donald Trump ha llevado su descontento al ámbito personal tras una votación en el Senado que busca restringir su autoridad para ordenar nuevas acciones militares en Venezuela. Según informes de The Wall Street Journal, Trump realizó llamadas telefónicas directas para reprender a cinco senadores republicanos que apoyaron la iniciativa: Rand Paul, Lisa Murkowski, Susan Collins, Todd Young y Josh Hawley.
La medida legislativa, impulsada por demócratas y respaldada por estos republicanos, exigiría la autorización del Congreso para futuras incursiones en territorio venezolano. Esto se produce después de que el gobierno anunciara la captura del presidente venezolano Nicolás Maduro el pasado 3 de enero, operación que Trump ha calificado como un “éxito total” para su administración.
En sus comunicaciones privadas, el mandatario expresó que percibe la votación no solo como un obstáculo a su autoridad, sino como un agravio personal y hacia las fuerzas armadas. Sin embargo, su reacción trascendió el ámbito privado: a través de su red social Truth Social, Trump instó públicamente a los votantes a no reelegir a los cinco senadores, afirmando que “deberían avergonzarse” por aliarse con la oposición en un asunto que, en su visión, “compromete la capacidad de defensa de la nación”.
La tensión marca una fractura visible dentro del Partido Republicano, en un momento en que la Casa Blanca intenta revertir la tendencia antes de la votación final prevista para la próxima semana. Analistas políticos señalan que este enfrentamiento podría tener repercusiones en la cohesión del partido de cara a las próximas elecciones, así como en el debate sobre los límites del poder ejecutivo en materia de intervenciones militares.
Hasta ahora, los senadores involucrados no han hecho declaraciones públicas sobre las llamadas presidenciales, pero se espera que el debate continúe en el Capitolio, donde tanto republicanos leales como críticos evalúan su postura ante una posible escalada de la presión desde la Casa Blanca.