En una reciente declaración, Irán ha lanzado una contundente advertencia a Estados Unidos, afirmando que, en caso de una agresión a sus infraestructuras, su respuesta consistirá en “ataques devastadores y continuos”. El comandante Ali Abdollahi, al frente del comando operativo del país, enfatizó la disposición de Teherán para defender su soberanía y sus activos nacionales ante cualquier amenaza externa.
Abdollahi, quien dirige las operaciones del Ejército de Irán en coordinación con el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI), manifestó que todas las instalaciones utilizadas por el ejército estadounidense, así como objetivos en el régimen israelí, serían blanco de represalias inmediatas y sin restricciones.
En su crítica a la administración del presidente estadounidense Donald Trump, Abdollahi describió las recientes amenazas como una reacción desesperada ante los fracasos acumulados por Estados Unidos en la región.
Estas advertencias surgen en el marco de la “Operación Verdadera Promesa 4”, una serie de acciones llevadas a cabo por el CGRI en respuesta a los ataques que desde el 28 de febrero han realizado Estados Unidos e Israel contra Irán.
Adicionalmente, el embajador de Irán ante la ONU, Amir Saeid Iravani, destacó la gravedad de la situación, señalando que cualquier ataque a sus instalaciones nucleares, incluyendo la central de Bushehr, podría tener consecuencias humanitarias devastadoras, exponiendo a la población a la radiación. En una carta dirigida al secretario general de la ONU, António Guterres, y al presidente del Consejo de Seguridad, Iravani reafirmó que tales agresiones son ilegales y equivalen a crímenes de guerra.
La tensión se intensifica tras la reciente detención de un proyectil en las cercanías de la central nuclear de Bushehr, que causó daños en una parte de la instalación. Según el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), no se han detectado fugas radiactivas.
En respuesta, Trump ha planteado un ultimátum de 48 horas para que Irán alcance un acuerdo relacionado con el acceso al estrecho de Ormuz, advirtiendo que, de no hacerlo, desatará “un infierno” sobre las instalaciones energéticas del país.